La primera vez el río estaba
mojado. Era un río normal.
La segunda vez el río llevaba a dentelladas trozos de congelación.
La tercera vez, yo era el centro que separaba los principios de congelación y el curso del río mojado; agua que al confinarse en el frío estalla friendo la superficie del hielo.
La cuarta vez, de lo que fue río solo quedaba un charco y, a pesar de todo, el antes río seguía siendo río.
La quinta vez, del río solo quedaban los pasos del venado. Al atravesar la cerca, diez venados, quietos, atónitos, me traspasaron la mirada sin tratar de escapar. El río ya no era río y seguía siendo río. Yo también era río.
La segunda vez el río llevaba a dentelladas trozos de congelación.
La tercera vez, yo era el centro que separaba los principios de congelación y el curso del río mojado; agua que al confinarse en el frío estalla friendo la superficie del hielo.
La cuarta vez, de lo que fue río solo quedaba un charco y, a pesar de todo, el antes río seguía siendo río.
La quinta vez, del río solo quedaban los pasos del venado. Al atravesar la cerca, diez venados, quietos, atónitos, me traspasaron la mirada sin tratar de escapar. El río ya no era río y seguía siendo río. Yo también era río.
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