martes, 1 de diciembre de 2015

Encuentros

En esta ciudad, donde nieva en las basuras y donde el humo de los tubos de escape se emblanquece, siento mi corazón respirar un poco menos. Camino de la casa a la parada de autobús, en un paseo matutino que no despierta pasiones ni me mantiene tampoco en los sueños recién olvidados de la noche. En la parada, hay sentado uno de mis destinos, tomando la forma de una madre cuya atención conduce inequívocamente a su bebé. No hay nada más importante esta mañana que los ojos negros de un bebé envuelto en varias mantas fijos en mi cara.
La tarea más difícil, y la más fácil también, es mantenerse vivo respirando en esta ciudad, sea donde sea. No importa tanto dónde, sino por qué y cómo.

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